Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaban, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada. Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río. El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como ...
Me pareció un texto muy potente porque cuestiona la idea tradicional de liderazgo y propone que quienes gobiernen comprendan realmente las dificultades de la gente. Invita a pensar en la empatía y en la importancia de que las experiencias diversas sean representadas en el poder.
ResponderEliminarEste poema me impacta porque rompe completamente con la imagen tradicional del poder. “I want a president” no habla de títulos, experiencia política o discursos perfectos, sino de humanidad, de heridas, de contradicciones y de vivencias reales. Me parece fuerte que plantee que quien gobierne debería haber sentido el dolor, la exclusión, la pérdida o la discriminación, porque eso cambia la manera en que se toman decisiones.
ResponderEliminarLo que más me llama la atención es cómo cuestiona la idea del presidente como una figura lejana, casi intocable. Aquí se propone lo contrario: alguien que haya hecho fila en el hospital, que haya pasado dificultades económicas, que haya sido juzgado o marginado. Es como si el texto dijera que el poder debería estar en manos de quien entiende desde adentro lo que significa sobrevivir en un sistema desigual.
También me parece provocador y político, porque no busca ser neutral. Tiene una intención clara: incomodar y replantear qué tipo de liderazgo consideramos “apto”. No se trata solo de identidad, sino de experiencia y empatía. Al final, el poema deja una crítica fuerte: muchas veces quienes gobiernan han estado siempre en una posición de privilegio, lejos de las realidades más duras.
En lo personal, lo leo como una invitación a pensar que gobernar no debería ser cuestión de imagen o estatus, sino de conciencia social y sensibilidad real frente al dolor colectivo.
ResponderEliminarEl texto “I want a president” de Zoe Leonard es una crítica profunda al modelo tradicional de poder político. La autora no pide un presidente perfecto ni idealizado, sino una persona que haya vivido el dolor, la exclusión, la enfermedad, la pobreza y la discriminación. A través de un lenguaje directo y repetitivo, el poema cuestiona la distancia entre quienes gobiernan y la realidad de la mayoría de la sociedad.
Leonard plantea que solo alguien que haya sufrido verdaderamente puede gobernar con empatía y responsabilidad. El texto denuncia cómo el poder suele estar en manos de personas privilegiadas, desconectadas del sufrimiento social, y propone una idea radical: que la experiencia humana, incluso la más dura, sea una cualidad política. En ese sentido, el poema no es solo una crítica, sino un llamado a repensar qué tipo de líderes necesitamos y qué valores deberían importar más que el estatus, el éxito o la “perfección”.
Esta obra es profundamente provocadora y poderosa. Más que una simple declaración, es un llamado a replantear la idea tradicional de liderazgo. Plantea la necesidad de un presidente humano, real, con experiencias de vida diversas, con errores, con dolor y con conciencia social. Me impacta cómo rompe con el molde del “candidato perfecto” y, en cambio, propone alguien que entienda desde adentro las luchas y desigualdades de la sociedad. Es un texto que incomoda, pero precisamente por eso invita a reflexionar.
ResponderEliminarEl poema me resulta poderoso porque rompe la idea tradicional del poder,no pide un presidente con títulos o imagen perfecta, sino alguien con heridas, contradicciones y experiencias reales. Plantea que quien gobierne debería haber sentido dolor, exclusión o discriminación, porque eso cambia la forma de decidir.
ResponderEliminarTambién cuestiona la figura lejana del líder y propone a alguien que conozca desde dentro las dificultades de un sistema desigual. Es un texto provocador que incomoda y replantea qué entendemos por liderazgo, defendiendo la empatía y la conciencia social por encima del privilegio.
El poema “I want a president” de Zoe Leonard no es solo un texto provocador: es una sacudida política y moral. Escrito en 1992, en plena crisis del VIH/SIDA en Estados Unidos, el texto rompe con la imagen tradicional del poder y cuestiona qué tipo de experiencias consideramos “dignas” para gobernar.
ResponderEliminarLeonard no pide un presidente perfecto; pide uno humano. Alguien que haya sido marginado, que haya sufrido, que haya sentido el peso de la exclusión social. Cuando escribe “I want a dyke for president” o “I want someone who has been in love and been hurt”, está desplazando el eje del poder: del privilegio a la experiencia vivida. La autora plantea que quienes han estado en los márgenes —personas LGBTQ+, mujeres, personas racializadas, trabajadores precarizados— pueden comprender mejor las injusticias estructurales porque las han atravesado en carne propia.
El texto también desmonta la figura clásica del presidente como hombre blanco, heterosexual, exitoso, económicamente estable y ajeno a la vulnerabilidad. Leonard ironiza sobre esa imagen cuando critica que el presidente suele ser “always a boss and never a worker”. La pregunta de fondo es contundente: ¿por qué normalizamos que quienes gobiernan no se parezcan a la mayoría?
Más que una consigna identitaria, el poema es una crítica radical a la idea de que el poder debe estar separado del dolor y la fragilidad. Leonard sugiere que la empatía no es debilidad política, sino una cualidad esencial para liderar. En tiempos donde la representación sigue siendo un debate central, “I want a president” permanece vigente porque nos obliga a revisar nuestras propias expectativas sobre el liderazgo.
Al final, el texto no solo habla de quién debería gobernar, sino de qué entendemos por legitimidad, experiencia y justicia. Y eso lo convierte en un manifiesto que todavía incomoda… y por eso mismo, sigue siendo necesario.
Un manifiesto incómodo y profundamente humano
ResponderEliminarLa imagen nos presenta un texto que, más que un simple poema, funciona como un manifiesto político y social. La voz que habla no está pidiendo un presidente tradicional, sino alguien que haya vivido en carne propia la marginalidad, la exclusión y el dolor. Desde la primera línea, el texto rompe con la idea clásica de liderazgo: no busca perfección ni una trayectoria impecable, sino experiencia real de lucha.
Lo más poderoso del texto es su acumulación. Cada frase suma una historia: desempleo, discriminación, enfermedad, pobreza, violencia, exclusión social. No se trata de una enumeración casual, sino de una crítica directa a los líderes desconectados de la realidad cotidiana. La autora plantea que quienes han vivido en los márgenes pueden gobernar con mayor empatía y conciencia social.
También es un texto profundamente político. Cuestiona el privilegio como requisito implícito para el poder y confronta la figura del presidente tradicional —
Esta realidad ha sido en parte romantizada por nosotros mismos. Nuestro concepto de lo bello y lo feo parece desplazado hacia lo superficial: tendemos a asociar la estética con la virtud. Así, imaginamos a los políticos como figuras armónicas, casi idealizadas, semejantes a los dioses descritos por los poetas antiguos: seres elevados, pulcros, casi intocables.
ResponderEliminarEn esa fascinación por la forma descuidamos el examen de la sustancia. Confundimos apariencia con bondad, presencia con rectitud, imagen con esencia. Y al hacerlo, renunciamos a la indagación crítica que permitiría discernir si quienes gobiernan poseen realmente las virtudes que aparentan.
Platón ya advertía en La República sobre el peligro de que la apariencia sustituya a la verdad.
Dayana Causil
ResponderEliminarYo lo entiendo como un texto que nace del cansancio frente a la política tradicional de Estados Unidos a inicios de los años noventa, cuando en 1992 la artista Zoe Leonard escribió “I Want a President” en medio del contexto electoral y de la crisis del VIH/SIDA, un momento en el que muchas comunidades, especialmente la LGBTQ+, sentían abandono e indiferencia por parte del gobierno federal, por eso el lenguaje es tan fuerte y repetitivo, porque no busca ser elegante sino sacudir, no está proponiendo literalmente que solo alguien que haya sufrido pobreza, discriminación o enfermedad pueda gobernar, sino que cuestiona que históricamente el poder haya estado concentrado en figuras privilegiadas, mayoritariamente hombres blancos heterosexuales con trayectorias cómodas, alejadas de esas realidades, en el fondo el texto reclama empatía basada en experiencia vivida y pone sobre la mesa una pregunta muy concreta sobre representación y liderazgo en un país donde, hasta ese momento, casi todos los presidentes habían compartido perfiles similares, así que más que una provocación vacía es una crítica social situada en un contexto histórico específico que invita a reflexionar si quienes toman decisiones realmente comprenden las consecuencias humanas de esas decisiones.
I Want a President de Zoe Leonard me hizo pensar en lo lejos que a veces está el poder de la realidad de la gente común. Siento que su mensaje va más allá de la política: habla de empatía y de representación verdadera. Me deja la reflexión de que un buen líder debería entender el dolor y las luchas del pueblo porque las ha vivido, no solo porque las ha escuchado.
ResponderEliminarPara lo es invitación tranquila a pensar en el tipo de personas que queremos que nos representen. Más allá del tono directo, siento que en el fondo habla del deseo de tener líderes cercanos, que comprendan las dificultades reales de la gente y que no estén desconectados de lo que pasa fuera de los espacios de poder. No lo leo como un ataque, sino como una expresión de esperanza, como alguien que sueña con una autoridad más sensible y consciente.
ResponderEliminarLo positivo es que pone el foco en la empatía, en la capacidad de entender el dolor ajeno y actuar con humanidad. Nos recuerda que gobernar no es solo ocupar un cargo importante, sino asumir una responsabilidad hacia personas con historias distintas y realidades complejas. Desde esa mirada, el texto aporta algo valioso: la idea de que la experiencia, la sensibilidad y la conexión humana también son formas de preparación para liderar.
No estoy acuerdo porque aunque valora la empatía y la experiencia vivida como cualidades importantes en un líder, termina sugiriendo que el sufrimiento es casi una garantía de buen gobierno, y la realidad mundial demuestra que no es así, muchos países han atravesado guerras, crisis económicas profundas o largos periodos de desigualdad y eso no necesariamente ha producido dirigentes eficaces ni sistemas más justos, el dolor no asegura capacidad para administrar presupuestos nacionales, negociar acuerdos internacionales o manejar tensiones sociales complejas, en un mundo interconectado donde decisiones presidenciales influyen en mercados globales, políticas ambientales y estabilidad regional, se necesitan conocimientos técnicos, visión estratégica y calidad institucional, de hecho, informes de organismos como el Banco Mundial han señalado que la solidez de las instituciones, la transparencia y la buena gobernanza tienen un impacto directo en el desarrollo y la reducción de pobreza, más allá del origen personal del mandatario, por eso, aunque entiendo el deseo de mayor sensibilidad en el poder, considero que la empatía debe ir acompañada de preparación, ética y competencia, porque gobernar no solo implica comprender el dolor de la gente, sino saber transformarlo en soluciones reales y sostenibles.
ResponderEliminarEl poema “I Want a President” de Zoe Leonard es un texto poderoso, incómodo y profundamente político. Más que una simple declaración de deseos, funciona como una crítica directa a las estructuras tradicionales del poder en Estados Unidos. Leonard no pide un presidente “perfecto” ni uno con un currículum impecable; al contrario, exige alguien que haya vivido la exclusión, la enfermedad, la pobreza, el racismo y la discriminación.
ResponderEliminarLo más impactante del texto es su tono directo y casi urgente. La repetición de “I want” no suena caprichosa, sino desesperada y reivindicativa. Es una lista de experiencias humanas que normalmente son vistas como “debilidades” en la política, pero que aquí se transforman en cualidades necesarias para liderar con empatía y conciencia social.
I Want a President (1992) de Zoe Leonard es un manifiesto que rompe con la idea tradicional del liderazgo político al exigir un presidente que haya vivido en carne propia la exclusión, la pobreza y la discriminación, cuestionando así el privilegio estructural desde el cual suelen gobernar las élites. A través de la repetición insistente de “I want a president…”, Leonard transforma el deseo en denuncia y convierte lo personal en profundamente político, evidenciando que la representación no es solo cuestión de elecciones sino de experiencias reales. La obra no propone literalmente un perfil específico, sino que critica un sistema que históricamente ha marginado voces diversas del poder, invitando a repensar la democracia desde la empatía, la justicia social y la inclusión.
ResponderEliminarEste texto no es un poema tradicional, sino un manifiesto político. Leonard repite muchas veces la frase “I want a president…” para expresar qué tipo de presidente quiere. Pero en realidad, lo que hace es una crítica fuerte al poder político tradicional.
ResponderEliminarElla dice que quiere un presidente que haya sido pobre, que haya sufrido discriminación, que haya tenido que luchar para sobrevivir, que haya sentido el peso de la injusticia. No está hablando solo de características personales, sino de experiencias de vida reales.
Para mí, el texto muestra una crítica al modelo tradicional de poder. A lo largo del poema se entiende que el presidente casi siempre ha sido una persona privilegiada, muchas veces hombre, blanco y alejado de las dificultades que vive la mayoría. La autora menciona experiencias como la pobreza, la discriminación, la violencia y la pérdida para demostrar que quienes gobiernan casi nunca han vivido esas realidades.
ResponderEliminarTambién se resalta la importancia de la empatía y de la experiencia vivida. El texto da a entender que alguien que ha sufrido injusticias puede comprender mejor a las personas que están en los márgenes y tomar decisiones más responsables. Es un texto directo y provocador. No busca ser neutral, sino incomodar y hacernos pensar en qué tipo de autoridad hemos aceptado como normal.
Hay otra mirada que advierte que haber pasado por el dolor no garantiza que una persona tenga la preparación necesaria para gobernar. La empatía es importante, pero debería ir acompañada de formación, ética y respeto por las instituciones.
Leí I Want a President de Zoe Leonard y me pareció un texto muy fuerte. No es un poema tradicional, sino una crítica directa a quiénes han ocupado históricamente el poder.
ResponderEliminarAl repetir “I want a president…”, Leonard no pide literalmente una presidenta con todas esas características, sino que cuestiona el privilegio: casi siempre gobiernan personas que no han vivido la pobreza, la discriminación o la exclusión.
Creo que el texto sigue siendo actual porque nos obliga a pensar si para gobernar bien no hace falta, primero, haber entendido el dolor social desde la experiencia.
Ruben Dario Gonzalez Ramos
Este texto es una crítica directa al sistema político tradicional. La autora cuestiona por qué siempre elegimos presidentes con privilegios y poder, y no personas que hayan vivido el dolor, la discriminación o la pobreza. La repetición de “I want” muestra inconformidad y frustración. En mi opinión, el texto invita a reflexionar sobre qué tipo de líderes necesitamos realmente y por qué el poder casi siempre está en manos de los mismos perfiles privilegiados.
ResponderEliminarLo veo como un texto de rebeldia justificada ante lo que la escritora ve como injusto, como algo que encaja donde no encaja y como un forma de protestar ante lo conservador y la costumbre de siempre mantener los mismos ideales, que para ella no solo aburren sino que representan que no hay cambio frente los abusos del ser humano. El equilibrio es necesario y las opiniones controvertidas como esta es importante escucharlas, muchas veces las opiniones contrarias pueden dar a ver una perspectiva que se estaba ignorando.
ResponderEliminarEl texto “I want a president” expresa inconformidad con el tipo de líderes que tradicionalmente llegan al poder. Este poema es muy fuerte; desea un presidente que represente a las personas marginadas, que haya vivido el dolor, la exclusión y la injusticia, y que entienda realmente las luchas sociales. El autor es muy directo, se centra en cuestionar por qué el poder casi siempre está en manos de las élites privilegiadas y no de quienes conocen la realidad del sufrimiento y la desigualdad. Es un llamado a la inclusión y a repensar quiénes pueden y deben gobernar.
ResponderEliminarEl poema “I Want a Dyke for President” de Zoe Leonard es una crítica directa al poder tradicional. Más que proponer una candidatura literal, cuestiona por qué quienes gobiernan casi siempre provienen del privilegio y no de la experiencia real de la exclusión.
ResponderEliminarAl enumerar vidas marcadas por la discriminación, la pobreza y el dolor, Leonard nos obliga a preguntarnos: ¿cómo sería un gobierno liderado por alguien que realmente entienda la vulnerabilidad? El texto incomoda porque expone una verdad persistente: la representación política sigue estando lejos de las realidades que dice defender.
Un poema breve, provocador y todavía profundamente vigente.
El texto "I Want a President" de Zoe Leonard es un manifiesto político escrito con un tono fuerte y provocador que busca cuestionar quiénes llegan al poder y qué experiencias de vida suelen quedar excluidas de la representación política.
ResponderEliminarA través de la repetición insistente de “I want…” construye una crítica directa al perfil tradicional del presidente generalmente asociado al privilegio la estabilidad económica y la distancia frente al sufrimiento social y propone de manera simbólica que quien gobierne debería haber vivido la marginación la enfermedad la pobreza o la discriminación para comprender mejor a la mayoría de la población.
El texto es potente en su carga emocional y logra visibilizar realidades históricamente ignoradas sin embargo su tono confrontativo y generalizador puede resultar polarizante ya que parece sugerir que el sufrimiento es casi una condición necesaria para gobernar bien y que todos los líderes tradicionales carecen de legitimidad moral.
En conjunto más que una propuesta literal el escrito funciona como una crítica estructural al sistema político y una invitación a reflexionar sobre la verdadera representación y empatía en el ejercicio del poder.
Este texto nos habla más que todo profundamente de cómo son los estereotipos de la sociedad de que la persona de que nos gobierna siempre tiene que ser perfecto ,tener poder contactos ,el problema es cuando no cumple estos estereotipos de perfecto de personas que han sufrido la realidad en la sociedad que conocen y han pasado por esos problemas que vivimos todos día a día ,es muy difícil en el mundo de la política que una persona honesta llegue al poder porque para llegar hay siempre se pasa por corruptos,trámites ilícitos y demás con esto no estoy generalizando y diciendo que todos son iguales habrá uno que otro que no son así pero la mayoría si lo son .las personas que han pasado por todas estas situaciones que viven los ciudadanos promedios suelen ser más empaticos por el hecho de haber pasado por lo mismo o de saber que eso existe pero una persona que toda su vida ha estado en el lujo que todo se lo dan en bandeja de plata para mí no debe gobernar porque no conoce en verdad los problemas de la sociedad por lo tanto no va a llegar al poder a colaborar a la sociedad si no a buscar poder
ResponderEliminarEste poema no pide un presidente perfecto, pide uno humano. Alguien que haya sufrido, amado, perdido y sobrevivido. Zoe Leonard nos recuerda que gobernar no debería ser un ejercicio de distancia, sino de memoria del dolor ajeno. Tal vez el problema no es quién gobierna, sino que casi nunca lo hacen quienes conocen de verdad la vida desde abajo.
ResponderEliminarEn mi opinión, el texto es muy fuerte y directo. Yo siento que la persona que lo escribió está cansada de los políticos tradicionales y quiere a alguien real, que haya sufrido, que entienda el dolor y las dificultades de la gente común.
ResponderEliminarYo creo que el mensaje principal es que el poder casi siempre lo tienen personas privilegiadas, y no quienes han vivido injusticias o discriminación. También pienso que busca romper estereotipos y cuestionar por qué siempre gobiernan los mismos tipos de personas.
Personalmente, aunque algunas palabras son duras, entiendo que la intención es provocar reflexión y mostrar inconformidad con el sistema. Me parece un texto crítico que quiere llamar la atención sobre la desigualdad.
La obra “I want a president” de Zoe Leonard es un manifiesto que cuestiona quiénes han ocupado históricamente el poder. Leonard no pide literalmente una presidenta con esas características, sino que critica que casi siempre gobiernen hombres blancos, ricos y privilegiados que no han vivido la exclusión.
ResponderEliminarEscrita en el contexto de la crisis del VIH en los años 90, la obra denuncia la indiferencia del gobierno frente al sufrimiento de minorías. La autora propone que alguien que haya experimentado discriminación, pobreza o enfermedad podría gobernar con más empatía y conciencia social.
En el fondo, el texto es una crítica al privilegio y a la concentración del poder, y un llamado a imaginar una democracia más inclusiva y representativa.
Ese texto me parece más un manifiesto ideológico que una propuesta seria de liderazgo; entiendo que Zoe Leonard intenta decir que el presidente debería conocer el sufrimiento, la discriminación o las dificultades reales de la gente, y en esa parte puede haber algo válido, porque un gobernante debería entender a la sociedad, pero al mismo tiempo siento que el mensaje está demasiado cargado de identidad y victimización y deja de lado cosas que para mí son esenciales en un presidente: liderazgo, preparación, carácter y capacidad de gobernar un país entero, no solo representar ciertos grupos; en resumen, el texto tiene una intención social fuerte, pero me parece más una crítica cultural que una visión realista de cómo debería elegirse a un jefe de Estado.
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ResponderEliminarEste poema me transmite una crítica fuerte a la política tradicional y a la forma en que la sociedad imagina a sus líderes. El autor parece pedir un presidente que represente a las personas reales, con errores, sufrimientos y experiencias difíciles, no alguien perfecto o alejado de la realidad. Entiendo que el mensaje busca mostrar que quienes han vivido injusticias, discriminación o dificultades también pueden tener la capacidad de liderar y comprender mejor a la sociedad. Más que hablar de una persona específica, el poema invita a reflexionar sobre quiénes tienen realmente la oportunidad de llegar al poder y por qué muchos grupos siguen siendo excluidos.
El poema de Zoe Leonard, escrito en los 90 pero dolorosamente vigente, nos lanza una pregunta incómoda: ¿Por qué nuestros líderes nunca se parecen a nosotros? >
ResponderEliminarLeonard no pide un experto en leyes o un economista de Harvard; pide a alguien que haya sentido el peso de la vida real. Al reclamar un presidente que haya pasado por el sistema de bienestar, que haya sufrido discriminación o que sepa lo que es perder a alguien por falta de acceso a la salud, la autora redefine lo que debería ser la 'experiencia' para gobernar.
No se trata de currículums académicos, sino de empatía vivida. En un mundo donde la política se siente cada vez más como un espectáculo de élites, este manifiesto nos recuerda que el liderazgo más auténtico nace de quienes han tenido que luchar para sobrevivir. Es un llamado a dejar de elegir 'clowns, jefes y mentirosos' para buscar, por fin, humanidad en el poder."
Thays carolina Lozano ribón
ResponderEliminar“I want a president” de Zoé Leonard no habla solo de política, habla de representación real. Cuando ella dice que quiere un presidente que haya vivido las mismas luchas que muchas personas comunes, está cuestionando cómo casi siempre el poder lo tienen personas privilegiadas que no conocen esas realidades.
Para mí, el mensaje es claro: el liderazgo debería reflejar la diversidad de la sociedad. Un presidente no debería ser alguien distante de los problemas de la gente, sino alguien que entienda lo que significa luchar, equivocarse, sobrevivir y levantarse.
Lo que Zoe Leonard nos tira en la cara es una verdad incómoda: estamos hartos de políticos de molde, perfectos y desconectados de la realidad. Con un lenguaje crudo y sin filtros, el texto exige un líder que sepa lo que es sufrir, que haya caminado por los márgenes y que entienda el mundo desde la vulnerabilidad, no desde el privilegio de un despacho. Es un grito de guerra que nos recuerda que la verdadera política debería nacer de las cicatrices de la gente común, y no de esa imagen de "jefe impecable" que al final siempre termina siendo un extraño que nos miente.
ResponderEliminarEs un manifiesto que funciona porque no pide virtudes abstractas sino cicatrices reales, y eso lo hace devastador. Su mayor fuerza está en la acumulación de vidas enteras en frases cortas, con momentos que de repente dejan de ser política y se convierten en duelo puro. Su única debilidad es el cierre, que cambia el tono cálido y carnal del resto por un lenguaje más frío y panfletario, justo cuando el lector estaba completamente dentro del texto. Fue escrito desde la rabia y desde el amor al mismo tiempo, y esa tensión es lo que lo hace memorable.
ResponderEliminarAl leer este texto sentí que refleja mucho el cansancio y la frustración que muchas personas tienen con la política. La persona que escribe no está buscando un presidente perfecto, sino alguien humano, que entienda el dolor, los errores y las dificultades de la vida real. Me parece interesante cómo menciona experiencias duras como la pobreza, la discriminación o el fracaso, porque da a entender que quien gobierne debería saber lo que es vivir esas realidades. Al final, el texto me deja pensando que más que poder o imagen, lo que muchos esperan de un líder es empatía y verdad
ResponderEliminarEl poema deja ver una inconformidad con la forma en que se entiende el poder político y con la imagen idealizada de quienes lo ejercen. El autor parece proponer la idea de un gobernante que no sea una figura perfecta ni distante, sino alguien que conozca de cerca las dificultades de la vida cotidiana. Da a entender que las personas que han enfrentado desigualdades, rechazo o momentos duros pueden tener una visión más cercana de la realidad social. En ese sentido, el texto no se centra tanto en una persona específica, sino que invita a pensar sobre quiénes tienen acceso al poder y por qué muchos sectores de la sociedad siguen sin estar representados.
ResponderEliminares una crítica contundente a las estructuras tradicionales de poder y una invitación a repensar la representación política. El poema sugiere que un líder verdaderamente representativo debería comprender las realidades sociales desde la experiencia directa, lo que convierte a este texto en una reflexión sobre democracia, igualdad y representación que sigue siendo relevante hoy en día.
ResponderEliminarEste texto usa provocación y lenguaje fuerte para transmitir una idea: que los gobernantes casi siempre provienen de élites privilegiadas y no entienden realmente las dificultades de la gente común. La autora propone, de forma exagerada e irónica, que alguien que haya sufrido discriminación, pobreza o problemas reales podría tener más empatía y comprensión social al gobernar. Más que una propuesta literal, es una crítica al sistema político y a quiénes suelen llegar al poder.
ResponderEliminarMe parece a mí que en este escrito Zoe Leonard muestra más una acumulación de cansancio que una propuesta política específica y creo que ahí está su valor más grande. Él no intenta convencer sino incomodar. Lo que más me llama la atención es cómo vuelve experiencias que el sistema político siempre ve como negativas como lo son la pobreza, la enfermedad o la exclusión en cualidades necesarias para gobernar. Comparto la preocupación de algunos compañeros sobre si el sufrimiento por sí solo asegura buenas decisiones. Creo que Leonard no está diciendo eso literalmente, sino señalando algo más básico y es que durante mucho tiempo se ha normalizado que quien gobierna no tenga idea de lo que vive la mayoría, y eso debería incomodarnos más de lo que normalmente nos incomoda.
ResponderEliminarMás que una propuesta literal, se trata de una crítica a la forma en que normalmente se construye el liderazgo político, donde muchas veces quienes llegan al poder provienen de contextos privilegiados y alejados de las realidades que enfrentan muchos sectores de la sociedad. La mención de experiencias como la discriminación, la enfermedad, la pobreza o la exclusión parece resaltar la importancia de que quienes gobiernan comprendan esas realidades y actúen con mayor empatía. En ese sentido, la reflexión invita a cuestionar por qué la política suele estar dominada por figuras distantes y poco representativas de la diversidad social.
ResponderEliminarme parece fuerte porque critica la idea tradicional de quién puede llegar al poder. no habla del presidente como alguien perfecto o intocable, sino como alguien que haya vivido problemas reales: discriminación, pobreza, errores, dolor, trabajo duro. básicamente cuestiona por qué los presidentes suelen ser personas privilegiadas que nunca han experimentado muchas de las dificultades que vive la mayoría de la gente.
ResponderEliminartambién me parece que el mensaje busca incomodar a propósito, usando ejemplos extremos para hacer pensar sobre la representación y la empatía en la política. más que pedir literalmente ese tipo de presidente, creo que está denunciando que el poder casi siempre lo tienen personas alejadas de la realidad de muchos ciudadanos.
Este poema me parece bastante fuerte y muy bueno, porque cuestiona la idea tradicional de quién puede llegar al poder. Ahí plantea que un presidente debería ser alguien que realmente entienda el sufrimiento, la discriminación y las dificultades de la vida rea más que buscar un líder perfecto el poema invita a reflexionar sobre la importancia de tener gobernantes que conozcan la realidad de las personas comunes y que hayan aprendido de sus propias experiencias
ResponderEliminarMe parece muy fuerte este poema, pero una parte de mi lo entiende un momento y lo apoya, creo que necesitamos presidentes que estén más de nuestro lado, del lado de la realidad que viven la mayoría, las comunidades marginadas, porque creo que no se puede entender algo del todo si no lo vives
ResponderEliminarPienso que el texto quiere mostrar que muchas veces quienes llegan al poder no han vivido las dificultades reales de muchas personas, y por eso propone simbólicamente un presidente que haya sufrido discriminación, pobreza o injusticias.
ResponderEliminarEn mi opinión, este texto deja una reflexión importante sobre qué tipo de líderes necesitamos. No se trata solo de que sean inteligentes, sino de que tengan empatía y realmente entiendan a la sociedad. Como estudiante, siento que esto también nos invita a pensar más en la política y en no conformarnos con lo que siempre ha sido igual.
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