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Mostrando entradas de abril, 2014

El rastro de tu sangre en la nieve-Gabriel García Márquez

Al anochecer, cuando llegaron a la frontera, Nena Daconte se dio cuenta de que el dedo con el anillo de bodas le seguía sangrando. El guardia civil con una manta de lana cruda sobre el tricornio de charol examinó los pasaportes a la luz de una linterna de carburo, haciendo un grande esfuerzo para que no lo derribara la presión del viento que soplaba de los Pirineos. Aunque eran dos pasaportes diplomáticos en regla, el guardia levantó la linterna para comprobar que los retratos se parecían a las caras. Nena Daconte era casi una niña, con unos ojos de pájaro feliz y una piel de melaza que todavía irradiaba la resolana del Caribe en el lúgubre anochecer de enero, y estaba arropada hasta el cuello con un abrigo de nucas de visón que no podía comprarse con el sueldo de un año de toda la guarnición fronteriza. Billy Sánchez de Ávila, su marido, que conducía el coche, era un año menor que ella, y casi tan bello, y llevaba una chaqueta de cuadros escoceses y una gorra de pelotero. Al contrar…

La majestad de la justicia por Antonio Caballero

La anunciada reforma a la justicia acabó siendo un festín de jueces y de políticos corruptos. saltan de rama en rama, como tarzán de los monos: del Consejo de Estado a la Procuraduría, de la Fiscalía a la Corte Suprema.
El problema fundamental es que aquí no hay justicia. Hay demasiados abogados, estorbándose los unos a los otros, para que pueda haberla. Interponiéndose, decididos a dilatar indefinidamente los procesos e impidiendo de ese modo que se imparta la “pronta y cumplida justicia” que promete la Constitución. Hay 52 mil abogados (y 30 mil estudiantes de Derecho) para 47 millones de habitantes, cuando el Japón, por ejemplo, para 120 millones solo tiene 15 mil: diez veces menos. Por eso se enreda todo, y todos los culpables quedan impunes. O,  por el contrario, son castigados los inocentes. Un tercio de los detenidos en las cárceles colombianas está a la espera de un juicio. Eso es así cualquiera que sea el delito o la falta: leve o grave. Y cualquiera que sea su índole: penal, …