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I want a president- Zoe Leonard


Comentarios

  1. Santiago Pérez Ramos9:42 a. m., marzo 02, 2026

    Me pareció un texto muy potente porque cuestiona la idea tradicional de liderazgo y propone que quienes gobiernen comprendan realmente las dificultades de la gente. Invita a pensar en la empatía y en la importancia de que las experiencias diversas sean representadas en el poder.

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  2. Este poema me impacta porque rompe completamente con la imagen tradicional del poder. “I want a president” no habla de títulos, experiencia política o discursos perfectos, sino de humanidad, de heridas, de contradicciones y de vivencias reales. Me parece fuerte que plantee que quien gobierne debería haber sentido el dolor, la exclusión, la pérdida o la discriminación, porque eso cambia la manera en que se toman decisiones.

    Lo que más me llama la atención es cómo cuestiona la idea del presidente como una figura lejana, casi intocable. Aquí se propone lo contrario: alguien que haya hecho fila en el hospital, que haya pasado dificultades económicas, que haya sido juzgado o marginado. Es como si el texto dijera que el poder debería estar en manos de quien entiende desde adentro lo que significa sobrevivir en un sistema desigual.

    También me parece provocador y político, porque no busca ser neutral. Tiene una intención clara: incomodar y replantear qué tipo de liderazgo consideramos “apto”. No se trata solo de identidad, sino de experiencia y empatía. Al final, el poema deja una crítica fuerte: muchas veces quienes gobiernan han estado siempre en una posición de privilegio, lejos de las realidades más duras.

    En lo personal, lo leo como una invitación a pensar que gobernar no debería ser cuestión de imagen o estatus, sino de conciencia social y sensibilidad real frente al dolor colectivo.

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  3. El texto “I want a president” de Zoe Leonard es una crítica profunda al modelo tradicional de poder político. La autora no pide un presidente perfecto ni idealizado, sino una persona que haya vivido el dolor, la exclusión, la enfermedad, la pobreza y la discriminación. A través de un lenguaje directo y repetitivo, el poema cuestiona la distancia entre quienes gobiernan y la realidad de la mayoría de la sociedad.

    Leonard plantea que solo alguien que haya sufrido verdaderamente puede gobernar con empatía y responsabilidad. El texto denuncia cómo el poder suele estar en manos de personas privilegiadas, desconectadas del sufrimiento social, y propone una idea radical: que la experiencia humana, incluso la más dura, sea una cualidad política. En ese sentido, el poema no es solo una crítica, sino un llamado a repensar qué tipo de líderes necesitamos y qué valores deberían importar más que el estatus, el éxito o la “perfección”.

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  4. Esta obra es profundamente provocadora y poderosa. Más que una simple declaración, es un llamado a replantear la idea tradicional de liderazgo. Plantea la necesidad de un presidente humano, real, con experiencias de vida diversas, con errores, con dolor y con conciencia social. Me impacta cómo rompe con el molde del “candidato perfecto” y, en cambio, propone alguien que entienda desde adentro las luchas y desigualdades de la sociedad. Es un texto que incomoda, pero precisamente por eso invita a reflexionar.

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  5. Isabella Lobo Lopez9:45 a. m., marzo 02, 2026

    El poema me resulta poderoso porque rompe la idea tradicional del poder,no pide un presidente con títulos o imagen perfecta, sino alguien con heridas, contradicciones y experiencias reales. Plantea que quien gobierne debería haber sentido dolor, exclusión o discriminación, porque eso cambia la forma de decidir.

    También cuestiona la figura lejana del líder y propone a alguien que conozca desde dentro las dificultades de un sistema desigual. Es un texto provocador que incomoda y replantea qué entendemos por liderazgo, defendiendo la empatía y la conciencia social por encima del privilegio.

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  6. El poema “I want a president” de Zoe Leonard no es solo un texto provocador: es una sacudida política y moral. Escrito en 1992, en plena crisis del VIH/SIDA en Estados Unidos, el texto rompe con la imagen tradicional del poder y cuestiona qué tipo de experiencias consideramos “dignas” para gobernar.

    Leonard no pide un presidente perfecto; pide uno humano. Alguien que haya sido marginado, que haya sufrido, que haya sentido el peso de la exclusión social. Cuando escribe “I want a dyke for president” o “I want someone who has been in love and been hurt”, está desplazando el eje del poder: del privilegio a la experiencia vivida. La autora plantea que quienes han estado en los márgenes —personas LGBTQ+, mujeres, personas racializadas, trabajadores precarizados— pueden comprender mejor las injusticias estructurales porque las han atravesado en carne propia.

    El texto también desmonta la figura clásica del presidente como hombre blanco, heterosexual, exitoso, económicamente estable y ajeno a la vulnerabilidad. Leonard ironiza sobre esa imagen cuando critica que el presidente suele ser “always a boss and never a worker”. La pregunta de fondo es contundente: ¿por qué normalizamos que quienes gobiernan no se parezcan a la mayoría?

    Más que una consigna identitaria, el poema es una crítica radical a la idea de que el poder debe estar separado del dolor y la fragilidad. Leonard sugiere que la empatía no es debilidad política, sino una cualidad esencial para liderar. En tiempos donde la representación sigue siendo un debate central, “I want a president” permanece vigente porque nos obliga a revisar nuestras propias expectativas sobre el liderazgo.

    Al final, el texto no solo habla de quién debería gobernar, sino de qué entendemos por legitimidad, experiencia y justicia. Y eso lo convierte en un manifiesto que todavía incomoda… y por eso mismo, sigue siendo necesario.

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  7. Alberto miguel causil10:02 a. m., marzo 02, 2026

    Un manifiesto incómodo y profundamente humano
    La imagen nos presenta un texto que, más que un simple poema, funciona como un manifiesto político y social. La voz que habla no está pidiendo un presidente tradicional, sino alguien que haya vivido en carne propia la marginalidad, la exclusión y el dolor. Desde la primera línea, el texto rompe con la idea clásica de liderazgo: no busca perfección ni una trayectoria impecable, sino experiencia real de lucha.
    Lo más poderoso del texto es su acumulación. Cada frase suma una historia: desempleo, discriminación, enfermedad, pobreza, violencia, exclusión social. No se trata de una enumeración casual, sino de una crítica directa a los líderes desconectados de la realidad cotidiana. La autora plantea que quienes han vivido en los márgenes pueden gobernar con mayor empatía y conciencia social.
    También es un texto profundamente político. Cuestiona el privilegio como requisito implícito para el poder y confronta la figura del presidente tradicional —

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  8. Scripsit: Carlos Andres Álvarez Perez10:54 a. m., marzo 02, 2026

    Esta realidad ha sido en parte romantizada por nosotros mismos. Nuestro concepto de lo bello y lo feo parece desplazado hacia lo superficial: tendemos a asociar la estética con la virtud. Así, imaginamos a los políticos como figuras armónicas, casi idealizadas, semejantes a los dioses descritos por los poetas antiguos: seres elevados, pulcros, casi intocables.

    En esa fascinación por la forma descuidamos el examen de la sustancia. Confundimos apariencia con bondad, presencia con rectitud, imagen con esencia. Y al hacerlo, renunciamos a la indagación crítica que permitiría discernir si quienes gobiernan poseen realmente las virtudes que aparentan.

    Platón ya advertía en La República sobre el peligro de que la apariencia sustituya a la verdad.

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  9. Dayana Andrea Causil De Hoyos12:16 p. m., marzo 02, 2026

    Dayana Causil
    Yo lo entiendo como un texto que nace del cansancio frente a la política tradicional de Estados Unidos a inicios de los años noventa, cuando en 1992 la artista Zoe Leonard escribió “I Want a President” en medio del contexto electoral y de la crisis del VIH/SIDA, un momento en el que muchas comunidades, especialmente la LGBTQ+, sentían abandono e indiferencia por parte del gobierno federal, por eso el lenguaje es tan fuerte y repetitivo, porque no busca ser elegante sino sacudir, no está proponiendo literalmente que solo alguien que haya sufrido pobreza, discriminación o enfermedad pueda gobernar, sino que cuestiona que históricamente el poder haya estado concentrado en figuras privilegiadas, mayoritariamente hombres blancos heterosexuales con trayectorias cómodas, alejadas de esas realidades, en el fondo el texto reclama empatía basada en experiencia vivida y pone sobre la mesa una pregunta muy concreta sobre representación y liderazgo en un país donde, hasta ese momento, casi todos los presidentes habían compartido perfiles similares, así que más que una provocación vacía es una crítica social situada en un contexto histórico específico que invita a reflexionar si quienes toman decisiones realmente comprenden las consecuencias humanas de esas decisiones.

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  10. I Want a President de Zoe Leonard me hizo pensar en lo lejos que a veces está el poder de la realidad de la gente común. Siento que su mensaje va más allá de la política: habla de empatía y de representación verdadera. Me deja la reflexión de que un buen líder debería entender el dolor y las luchas del pueblo porque las ha vivido, no solo porque las ha escuchado.

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  11. Para lo es invitación tranquila a pensar en el tipo de personas que queremos que nos representen. Más allá del tono directo, siento que en el fondo habla del deseo de tener líderes cercanos, que comprendan las dificultades reales de la gente y que no estén desconectados de lo que pasa fuera de los espacios de poder. No lo leo como un ataque, sino como una expresión de esperanza, como alguien que sueña con una autoridad más sensible y consciente.

    Lo positivo es que pone el foco en la empatía, en la capacidad de entender el dolor ajeno y actuar con humanidad. Nos recuerda que gobernar no es solo ocupar un cargo importante, sino asumir una responsabilidad hacia personas con historias distintas y realidades complejas. Desde esa mirada, el texto aporta algo valioso: la idea de que la experiencia, la sensibilidad y la conexión humana también son formas de preparación para liderar.

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  12. Maria Angel González Machado12:28 p. m., marzo 02, 2026

    No estoy acuerdo porque aunque valora la empatía y la experiencia vivida como cualidades importantes en un líder, termina sugiriendo que el sufrimiento es casi una garantía de buen gobierno, y la realidad mundial demuestra que no es así, muchos países han atravesado guerras, crisis económicas profundas o largos periodos de desigualdad y eso no necesariamente ha producido dirigentes eficaces ni sistemas más justos, el dolor no asegura capacidad para administrar presupuestos nacionales, negociar acuerdos internacionales o manejar tensiones sociales complejas, en un mundo interconectado donde decisiones presidenciales influyen en mercados globales, políticas ambientales y estabilidad regional, se necesitan conocimientos técnicos, visión estratégica y calidad institucional, de hecho, informes de organismos como el Banco Mundial han señalado que la solidez de las instituciones, la transparencia y la buena gobernanza tienen un impacto directo en el desarrollo y la reducción de pobreza, más allá del origen personal del mandatario, por eso, aunque entiendo el deseo de mayor sensibilidad en el poder, considero que la empatía debe ir acompañada de preparación, ética y competencia, porque gobernar no solo implica comprender el dolor de la gente, sino saber transformarlo en soluciones reales y sostenibles.

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  13. Daniela Del Carmen Guerra Correa12:38 p. m., marzo 02, 2026

    El poema “I Want a President” de Zoe Leonard es un texto poderoso, incómodo y profundamente político. Más que una simple declaración de deseos, funciona como una crítica directa a las estructuras tradicionales del poder en Estados Unidos. Leonard no pide un presidente “perfecto” ni uno con un currículum impecable; al contrario, exige alguien que haya vivido la exclusión, la enfermedad, la pobreza, el racismo y la discriminación.

    Lo más impactante del texto es su tono directo y casi urgente. La repetición de “I want” no suena caprichosa, sino desesperada y reivindicativa. Es una lista de experiencias humanas que normalmente son vistas como “debilidades” en la política, pero que aquí se transforman en cualidades necesarias para liderar con empatía y conciencia social.

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