Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaban, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada. Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río. El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como ...
De todas las obras que ví en el salón de arte de la exposición anatomías de lo profanó, hubo una obra que además de gustarme me dejó pensando y esa fue la de "Saturno devorando hijos ilustres de Cartagena" de Alexa Cuesta, que expone de manera cruda cómo el poder político y la indiferencia de las instituciones terminan por consumir el talento, la historia y la identidad de una comunidad.
ResponderEliminarEs injusto ver cómo las mismas estructuras creadas para ayudar al desarrollo de la región terminan convirtiéndose en una máquina destructiva. Pero la obra no se queda solo en la representación de una figura mitológica sino que va más allá y también confronta la apatía con la que muchas veces se normaliza la pérdida de la memoria colectiva. Es un llamado de atención necesario desde el arte para entender que el verdadero progreso de una sociedad llega si primero se garantiza que el conocimiento, la historia y la dignidad de las personas prevalezcan frente a las decisiones impulsivas de quienes tienen el poder.