Ir al contenido principal

El hacedor -Jorge Luis Borges

Somos el río que invocaste, Heráclito. 
Somos el tiempo. Su intangible curso 
acarrea leones y montañas, 
llorado amor, ceniza del deleite, 
insidiosa esperanza interminable, 
vastos nombres de imperios que son polvo, 
hexámetros del griego y del romano, 
lóbrego un mar bajo el poder del alba, 
el sueño, ese pregusto de la muerte, 
las armas y el guerrero, monumentos, 
las dos caras de Jano que se ignoran, 
los laberintos de marfil que urden 
las piezas de ajedrez en el tablero, 
la roja mano de Macbeth que puede 
ensangrentar los mares, la secreta 
labor de los relojes en la sombra, 
un incesante espejo que se mira 
en otro espejo y nadie para verlos, 
láminas en acero, letra gótica, 
una barra de azufre en un armario, 
pesadas campanadas del insomnio, 
auroras, ponientes y crepúsculos, 
ecos, resaca, arena, liquen, sueños. 
Otra cosa no soy que esas imágenes 
que baraja el azar y nombra el tedio. 
Con ellas, aunque ciego y quebrantado, 
he de labrar el verso incorruptible 
y (es mi deber) salvarme.



Comentarios

Entradas populares de este blog

UNA FAMILIA -BOTERO

Willie Colón - Oh,¿qué será?

Es que somos muy pobres - Juan Rulfo Por Juan Rulfo

  Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos ente­rrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llo­ver como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin dar­nos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un mano­jo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaban, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada. Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le re­galó para el día de su santo se la había llevado el río. El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el es­truendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como ...