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Así fue salvado Wang-Fo-Marguerite Yourcenar

 El viejo pintor Wang-Fo y su discípulo Ling erraban a lo largo de los caminos del reino de Han.

Avanzaban lentamente porque Wang-Fo se detenía de noche a contemplar los astros, y de día para mirar las libélulas. Iban poco cargados, pues Wang-Fo amaba la imagen de las cosas y no a las cosas en sí mismas, y ningún objeto en, el mundo le parecía digno de ser adquirido, salvo pinceles, frascos de laca y de tintas de China, rollos de seda y de papel de arroz. Eran pobres porque Wang-Fo cambiaba sus pinturas por una ración de papilla de mijo, y desdeñaba las monedas de plata. Ling, su discípulo, doblado bajo el peso de una bolsa llena de bocetos, encorvaba respetuosamente la espalda como si cargara la bóveda celeste, pues esa bolsa, a los ojos de Ling, estaba repleta de montañas bajo la nieve, de ríos en primavera y del rostro de la luna de verano.

Ling no había nacido para recorrer los caminos al lado de un viejo que se apoderaba de la aurora y apresaba el crepúsculo. Su padre cambiaba oro; su madre era la única hija de un mercader de jade que le había heredado sus bienes maldiciéndola por no haber nacido varón. Ling había crecido en una casa en donde la riqueza eliminaba los azares. Aquella existencia, cuidadosamente protegida, lo había vuelto tímido: le temía a los insectos, al trueno y al rostro de los muertos. Cuando cumplió quince años, su padre eligió una esposa para él, y cuidó de que fuera muy bella, pues la idea de la felicidad que procuraba a su hijo lo consolaba de haber alcanzado la edad en la que la noche sirve para dormir. La esposa de Ling era frágil como un junco, infantil como la leche, dulce como la saliva, salada como las lágrimas. Después de las nupcias, los padres de Ling llevaron la discreción hasta morir, y el hijo se quedó solo en su casa pintada de cinabrio, en compañía de su joven esposa que sonreía siempre, y de un ciruelo que cada primavera daba flores rosas. Ling amó a esa mujer de corazón cristalino como se ama a un espejo que no se empaña jamás, a un talismán que siempre protege. Frecuentaba las casas de té para obedecer a la moda y favorecía con moderación a los acróbatas y a las bailarinas.

Una noche, en una taberna, le tocó Wang-Fo como compañero de mesa. El viejo había bebido para ponerse en estado de pintar mejor a un borracho; su cabeza se inclinaba de lado, como si se esforzara en medir la distancia que separaba su mano de la taza. El alcohol de arroz desataba la lengua de aquel artesano taciturno, y esa noche Wang hablaba como si el silencio fuera un muro; y las palabras, colores destinados a cubrirlo. Gracias a él, Ling conoció la belleza de los rostros de los bebedores desvanecidos por el humo de las bebidas calientes, el esplendor moreno de las carnes que el fuego había lamido desigualmente, y el rosado exquisito de las manchas de vino esparcidas en los manteles como pétalos marchitos. Una ráfaga de viento reventó la ventana; el aguacero se metió en la habitación. Wang-Fo se inclinó para hacer admirar a Ling el fulgor lívido del rayo; y Ling, maravillado, dejó de temerle a la tormenta.

Ling pagó la cuenta del viejo pintor; y como Wang-Fo no tenía dinero ni posada, humildemente le ofreció albergue. Caminaron juntos; Ling llevaba una linterna; su claridad proyectaba sobre los charcos fuegos inesperados. Aquella noche, Ling supo, no sin sorpresa, que los muros de su casa no eran rojos como él había creído sino que tenían el color de una naranja a punto de pudrirse. En el patio, Wang-Fo reparó en la forma delicada de un arbusto, al cual nadie había prestado atención hasta entonces, y lo comparó a una joven que deja secar sus cabellos. En el corredor, siguió maravillado el camino vacilante de una hormiga a lo largo de las grietas del muro, y el horror de Ling por aquellos bichos se desvaneció. Al comprender que Wang-Fo acababa de regalarle un alma y una percepción nuevas, Ling acostó respetuosamente al viejo pintor en la alcoba en donde su padre y su madre habían muerto.

Desde hacía años, Wang-Fo soñaba con hacer el retrato de una princesa de antaño tocando el laúd bajo un sauce. Ninguna mujer era lo bastante irreal para servirle de modelo, pero Ling podía serlo puesto que no era mujer. Luego Wang-Fo habló de pintar a un joven príncipe tensando el arco al pie de un gran cedro. Ningún joven del tiempo presente era lo bastante irreal para servirle de modelo, pero Ling hizo posar a su propia mujer bajo el ciruelo del jardín. Luego, Wang-Fo la pintó vestida de hada entre las nubes del Poniente, y la joven lloró, pues era un presagio de muerte. Desde que Ling prefería los retratos que Wang-Fo hacía de ella, su rostro ¡se marchitaba como una flor expuesta al viento caliente o a las lluvias de verano. Una mañana la encontraron colgada de las ramas del ciruelo rosa: las puntas del chai que la estrangulaba flotaban mezcladas con su cabellera; parecía aún más delgada que de costumbre, y pura como las bellezas celebradas por los poetas de los tiempos cumplidos. Wang-Fo la pintó por última vez porque amaba ese tinte verdoso que cubre el rostro de los muertos. Su discípulo Ling molía los colores, y aquella tarea le exigía tanta dedicación que se olvidó de verter lágrimas. Ling vendió sucesivamente sus esclavos, sus jades y los peces de su estanque para procurar al maestro los frascos de tinta púrpura que venían de Occidente. Cuando la casa estuvo vacía, la dejaron, y Ling cerró tras él la puerta de su pasado. Wang-Fo estaba cansado de una ciudad en la cual los rostros no tenían ya ningún secreto de fealdad o de belleza que enseñarle; el maestro y el discípulo erraron juntos por los caminos del reino de Han.

Su reputación los precedía en los pueblos, en el umbral de las fortalezas y bajo el pórtico de los templos donde los peregrinos inquietos se refugian en el crepúsculo. Se decía que Wang-Fo tenía el poder de dar vida a sus pinturas con el último toque de color que agregaba a los ojos. Los granjeros venían a suplicarle que pintara un perro guardián y los señores querían de él imágenes de soldados. Los sacerdotes honraban a Wang-Fo como a un sabio; el pueblo le temía como a un brujo. A Wang le alegraban estas diferencias de opinión que le permitían estudiar en su entorno las expresiones de gratitud, de temor o de veneración.

Ling mendigaba el alimento, cuidaba el sueño del maestro y aprovechaba sus éxtasis para darle masaje en los pies. Al despuntar la aurora, mientras el anciano aún dormía, iba a la caza de paisajes tímidos, disimulados tras ramos de juncos. Por la tarde, cuando el maestro, desalentado, tiraba sus pinceles en el piso, los recogía. Cuando Wang-Fo estaba triste y hablaba de su vejez, Ling le mostraba sonriendo el sólido tronco de un viejo roble; cuando Wang estaba alegre y bromeaba, Ling fingía humildemente que lo escuchaba.

Un día, a la hora en que el sol se pone, llegaron a los suburbios de la ciudad imperial, y Ling buscó para Wang-Fo una posada en donde pasar la noche. El viejo se envolvió en sus harapos y Ling se acostó junto a él para calentarlo, pues apenas acababa de nacer la primavera, y el piso de tierra aún seguía helado. Al romperse el alba, resonaron pasos pesados en los corredores de la posada; se escucharon los susurros asustados del posadero, y órdenes gritadas en una lengua bárbara. Ling se estremeció al recordar que la víspera había robado un pastel de arroz para la comida del maestro. No dudando de que habían venido a detenerlo, se preguntó quién ayudaría a Wang-Fo a pasar el vado del próximo río.

Los soldados entraron con linternas. La llama que se filtraba a través del papel abigarrado lanzaba luces rojas o azules sobre sus cascos de cuero. La cuerda de un arco vibraba sobre su hombro, y los más feroces rugían de pronto sin razón. Pusieron pesadamente la mano sobre la nuca de Wang-Fo quien no pudo evitar fijarse en que sus mangas no hacían juego con el color de sus abrigos.

Sostenido por su discípulo, tropezando a lo largo de los caminos disparejos, Wang-Fo siguió a los soldados. Los transeúntes, amontonados, se burlaban de aquellos dos criminales que sin duda llevaban a decapitar. A todas las preguntas de Wang, los soldados contestaban con una mueca salvaje. Sus manos atadas sufrían, y Ling, desesperado, miraba sonriendo a su maestro, lo que era para él la manera más tierna de llorar.

Llegaron a la entrada del palacio imperial, que erguía sus muros violetas en pleno día como un lienzo de crepúsculo. Los soldados hicieron atravesar a Wang-Fo innumerables salas cuadradas o circulares cuyas formas simbolizaban las estaciones, los puntos cardinales, lo masculino y lo femenino, la longevidad, las prerrogativas del poder. Las puertas giraban sobre sí mismas, emitiendo una nota de música, y estaban dispuestas de tal manera que se recorría toda la escala musical al atravesar el palacio de Levante a Poniente. Todo se concertaba para dar la idea de un poder y una sutileza sobrehumanos, y se sentía que las mínimas órdenes pronunciadas allí, debían de ser definitivas y terribles como la sabiduría de los antepasados. Finalmente, el aire se enrareció; el silencio se volvió tan profundo que ni siquiera un ajusticiado se hubiera atrevido a gritar. Un eunuco levantó una cortina, los soldados temblaron como mujeres, y la pequeña tropa entró en el salón, donde presidía, desde su trono, el Hijo del Cielo.

Era un salón desprovisto de muros, sostenido por gruesas columnas de piedra azul. Un jardín se abría al otro lado de los fustes de mármol, y cada flor contenida en sus bosquecillos pertenecía a una especie rara traída de más allá de los océanos. Pero ninguna tenía perfume, para que la meditación del Dragón Celeste no se viera turbada jamás por los bellos olores. En señal de respeto, por el silencio en que estaban inmersos sus pensamientos, ningún pájaro había sido admitido en el interior del recinto; y habían echado hasta las abejas. Un muro enorme separaba el jardín del resto del mundo, para que el viento que pasaba sobre los perros reventados y los cadáveres de los campos de batalla no pudiera permitirse ni rozar la manga del Emperador.

El Amo Celestial estaba sentado sobre un trono de jade, y sus manos estaban arrugadas como las de un anciano aunque tenía apenas veinte años. Su traje era azul para figurar el invierno y verde para recordar la primavera. Su rostro era bello, pero impasible como un espejo colocado demasiado alto, que no reflejara más que los astros y el cielo implacable. Tenía a su derecha al Ministro de los Placeres Perfectos; y a su izquierda, al Consejero de los Justos Tormentos. Como sus cortesanos, alineados al pie de las columnas alertaban el oído para recoger la menor palabra salida de sus labios, se había acostumbrado a hablar siempre en voz baja.

—Dragón Celeste —dijo Wang-Fo proster-nándose—, soy viejo, soy pobre, soy débil. Eres como el verano; soy como el invierno. Tienes Diez Mil Vidas; no tengo más que una que está por terminar. ¿Qué te he hecho? Han atado mis manos que nunca te han dañado.

—¿Me preguntas qué es lo que has hecho, viejo Wang-Fo? —dijo el Emperador.

Su voz era tan melodiosa que daban ganas de llorar. Levantó la mano derecha, que los reflejos del pavimento de jade hacían parecer glauca como una planta submarina, y Wang-Fo, maravillado por el largo de aquellos dedos delgados, buscó en sus recuerdos si no había hecho del Emperador, o de sus ascendientes, un retrato mediocre que mereciera la muerte. Pero era poco probable, pues Wang-Fo hasta entonces no había frecuentado la corte de los emperadores, ya que había preferido las chozas de los granjeros o, en las ciudades, los suburbios de las cortesanas y las tabernas de los muelles en las que riñen los estibadores.

—¿Me preguntas qué es lo que me has hecho, viejo Wang-Fo? —prosiguió el Emperador inclinando su endeble cuello hacia el anciano que lo escuchaba. Te lo voy a decir. Pero como el veneno del prójimo no puede deslizarse en nosotros más que por nuestras nueve aberturas, para ponerte en presencia de tus culpas, debo pasearte a lo largo de los corredores de mi memoria, y contarte toda mi vida. Mi padre había reunido una colección de tus pinturas en la habitación más secreta del palacio, pues era de la opinión que los personajes de los cuadros deben ser sustraídos a la vista de los profanos, en cuya presencia no pueden bajar los ojos. En esos salones fui educado, viejo Wang-Fo, porque habían organizado la soledad a mi alrededor, para permitirme crecer en ella. Con el propósito de evitar a mi candor la salpicadura de las almas, habían alejado de mí el oleaje agitado de mis futuros súbditos; y no le estaba permitido a nadie pasar frente al umbral de mi morada, por temor de que la sombra de aquel hombre o de aquella mujer se extendiera hasta mí. Los contados viejos servidores que me habían adjudicado se mostraban lo menos posible; las horas giraban en círculo; los colores de tus pinturas se avivaban con el alba y palidecían con el crepúsculo. Por la noche, cuando no lograba dormir, contemplaba tus cuadros, y, durante casi diez años, los miré todas las noches. De día, sentado sobre un tapete cuyo dibujo me sabía de memoria, con las palmas de las manos vacías reposando sobre mis rodillas de seda amarilla, soñaba con las dichas que me proporcionaría el porvenir. Me imaginaba al mundo, con el país de Han en el centro, igual al llano monótono y hueco de la mano que surcan las líneas fatales de los Cinco Ríos. A su alrededor, el mar donde nacen los monstruos; y más lejos aún, las montañas que sostienen el cielo. Y para ayudarme a representar mejor todas esas cosas, utilizaba tus pinturas. Me hiciste creer que el mar se parecía al vasto manto de agua extendido sobre tus telas, tan azul que una piedra, al caer, no podía sino convertirse en zafiro; que las mujeres se abrían y se cerraban como flores, iguales a las criaturas que avanzan, empujadas por el viento, en las veredas de tus jardines, y que los jóvenes guerreros de cintura delgada que velan en las fortalezas de las fronteras eran como flechas que podían atravesar el corazón. A los dieciséis años vi abrirse las puertas que me separaban del mundo: subí a la terraza del palacio para mirar las nubes, pero eran menos bellas que las de tus crepúsculos. Ordené mi litera: sacudido por los caminos, de los que no había previsto ni el lodo ni las piedras, recorrí las provincias del imperio sin encontrar tus jardines llenos de mujeres iguales a luciérnagas, tus mujeres cuyo cuerpo es como un jardín. Los guijarros de las costas me asquearon de los océanos; la sangre de los sacrificados es menos roja que la granada figurada sobre tus telas; la miseria de los pueblos me impide ver la belleza de los arrozales; la piel de las mujeres vivas me repugna como la carne muerta que cuelga de los ganchos de los carniceros; y la risa burda de mis soldados me revuelve el corazón. Me has mentido Wang-Fo, viejo impostor: el mundo no es más que un montón de manchas confusas, arrojadas sobre el vacío por un pintor insensato, siempre borradas por nuestras lágrimas. El reino de Han no es el más bello de los reinos, y no soy el Emperador. El único imperio sobre el cual vale la pena reinar es aquél en el que tú penetras, viejo Wang, por el camino de las Mil Cuevas y de los Diez Mil colores. Sólo tú reinas en paz sobre las montañas cubiertas de una nieve que no puede derretirse, y sobre campos de narcisos que no pueden morir.

Y es por ello, Wang-Fo, que busqué cuál suplicio te sería reservado a ti, cuyos sortilegios me hastiaron de lo que poseo, y me dieron el deseo de lo que no poseeré. Y para encerrarte en el único calabozo del que no puedas salir, he decidido que se te quemen los ojos, puesto que tus ojos, Wang-Fo, son las dos puertas mágicas que te abren tu reino.

Y como tus manos son los dos caminos de diez ramificaciones que te llevan al corazón de tu imperio, he decidido que te sean cortadas las manos. ¿Me has comprendido, viejo Wang-Fo?

Al escuchar esta sentencia, el discípulo Ling arrancó de su cinturón un cuchillo mellado y se precipitó sobre el Emperador. Dos guardias lo apresaron. El Hijo del Cielo sonrió, y agregó en un suspiro:

—Y te odio también, viejo Wang-Fo, porque has sabido hacerte amar. Maten a ese perro.

Ling pegó un salto hacia adelante para evitar que su sangre manchara el traje de su maestro. Uno de los soldados levantó el sable, y la cabeza de Ling quedó separada de la nuca, igual a una flor cortada. Los servidores se llevaron los restos, y Wang-Fo, desesperado, admiró la hermosa mancha escarlata que la sangre de su discípulo hacía sobre el pavimento de piedra verde.

El Emperador hizo una señal, y los eunucos enjugaron los ojos de Wang-Fo.

—Escucha, viejo Wang-Fo —dijo el Emperador—, y seca tus lágrimas pues no es el momento de llorar. Tus ojos deben permanecer limpios, para que la poca luz que les queda no sea enturbiada por tu llanto, puesto que no deseo tu muerte sólo por rencor; y no es sólo por crueldad que quiero verte sufrir. Tengo otros proyectos, viejo Wang-Fo. Poseo en mi colección de tus obras una pintura admirable en donde las montañas, el estero de los ríos y el mar se reflejan, infinitamente reducidos, sin duda, pero con una evidencia que sobrepasa la de los objetos mismos, como las figuras que se reflejan sobre las paredes de una esfera, Pero esta pintura no está terminada, Wang-Fo, y tu obra maestra no es más que un boceto. Sin duda, en el momento en que pintabas, sentado en un valle solitario, reparaste en un pájaro que pasaba, o en un niño que perseguía a aquel pájaro. Y el pico del pájaro o las mejillas del niño te hicieron olvidar los párpados azules de las olas. No terminaste la orla del manto del mar, ni la cabellera de algas de las rocas. Wang-Fo, quiero que consagres las horas de luz que te quedan a terminar esta pintura, que contendrá así los últimos secretos acumulados en el curso de tu larga vida. Seguramente tus manos, tan próximas a caer, no temblarán sobre la tela de seda, y el infinito penetrará en tu obra por los plumeados de la desgracia. Y no hay duda de que tus ojos, tan cerca de ser aniquilados, descubrirán relaciones en el límite de los sentidos humanos. Ese es mi propósito, viejo Wang-Fo, y puedo forzarte a realizarlo. Si te rehúsas, antes de cegarte, haré quemar todas tus obras, y serás entonces igual a un padre cuyos hijos han sido asesinados, y destruidas las esperanzas de posteridad. Pero cree más bien, si quieres, que este último mandamiento no se debe más que a mi bondad, pues sé que la tela es la única amante que has acariciado en tu vida, y ofrecerte pinceles, colores y tinta para ocupar tus últimas horas es como dar de limosna una cortesana a un joven que va a ser ejecutado.

Tras una señal del meñique del Emperador, dos eunucos trajeron respetuosamente la pintura inacabada en donde Wang-Fo había trazado la imagen del mar y del cielo. Wang-Fo secó sus lágrimas y sonrió, pues ese pequeño bosquejo le recordaba su juventud. Todo atestiguaba una frescura del alma a la cual Wang-Fo no podía aspirar más; sin embargo, algo le faltaba, pues en la época en que Wang la había pintado no había aún contemplado suficientes montañas, ni suficientes rocas bañando en el mar sus costados desnudos, y no se había impregnado lo bastante de la tristeza del crepúsculo. Wang-Fo escogió uno de los pinceles que le presentaba un esclavo, y se puso a extender sobre el mar inacabado largas corrientes azules. Un eunuco agachado a sus pies molía los colores; desempeñaba bastante mal aquella tarea, y más que nunca Wang-Fo añoró a su discípulo Ling.

Wang comenzó por teñir de rosa la punta del ala de una nube posada sobre una montaña. Luego, agregó sobre la superficie del mar pequeñas arrugas que volvían más profundo el sentimiento de su serenidad. El empedrado de jade se tornaba singularmente húmedo, Pero Wang-Fo, absorto en su pintura, no se daba cuenta que trabajaba con los pies en el agua.

La frágil barca que había crecido bajo las pinceladas del pintor, ocupaba ahora todo el primer plano del rollo de seda. El ruido cadencioso de los remos se levantó de pronto en la distancia, rápido y vivo como un aleteo. El ruido se acercó, llenó lentamente toda la sala, luego se detuvo y, suspendidas de los remos del barquero, unas gotas temblaban, inmóviles. Hacía tiempo ya que el hierro candente destinado a los ojos de Wang se había apagado sobre el brasero del verdugo. Los cortesanos, inmovilizados por el protocolo, con el agua hasta los hombros, se paraban sobre la punta de los pies. El agua alcanzó finalmente el nivel del corazón imperial. El silencio era tan profundo que se hubiera podido escuchar el caer de unas lágrimas.

Sí, era Ling. Llevaba su viejo traje de todos los días, y su manga derecha aún tenía las huellas de un desgarrón que no había tenido tiempo de zurcir, en la mañana, antes de la llegada de los soldados. Pero lucía en torno al cuello una extraña bufanda roja.

Wang-Fo le dijo quedamente mientras seguía pintando:

—Te creía muerto.

—Vivo usted —contestó respetuosamente Ling—, ¿cómo hubiera podido morir? Y ayudó al maestro a subir a la embarcación. El techo de jade se reflejaba sobre el agua, de manera que Ling parecía navegar en el interior de una gruta. Las trenzas de los cortesanos sumergidos ondulaban en la superficie como serpientes, y la cabeza pálida del Emperador flotaba como un loto.

—Mira, discípulo mío —dijo melancólicamente Wang-Fo. Estos desgraciados van a perecer, si no es que ya han perecido. No sospechaba que hubiese bastante agua en el mar como para ahogar a un Emperador. ¿Qué hacer?

—No tema, maestro —murmuró el discípulo. Pronto se volverán a encontrar secos y ni siquiera recordarán que su manga haya estado mojada. Sólo el Emperador conservará en el corazón algo de la amargura marina. Esta gente no está hecha para perderse en el interior de una pintura.

Y agregó:

—El mar es bello, el viento suave, los pájaros marinos hacen su nido. Partamos, maestro mío, hacia el país que se encuentra más allá de las aguas.

—Partamos —dijo el viejo pintor.

Wang-Fo se apoderó del timón, y Ling se inclinó sobre los avíos. La cadencia de los remos llenó de nuevo toda la sala; era firme y regular como el latido de un corazón. El nivel del agua disminuía insensiblemente en torno a las grandes rocas verticales que volvían a ser columnas. Pronto, escasos charcos brillaron solos en las depresiones del empedrado de jade. Los ropajes de los cortesanos estaban secos, pero el Emperador conservaba algunos copos de espuma en las franjas de su abrigo.

El cuadro, terminado por Wang-Fo, estaba recargado contra una cortina. Una barca ocupaba todo el primer plano. Se alejaba poco a poco, dejando tras ella una delgada estela que se cerraba sobre el mar inmóvil. Ya no se distinguía el rostro de los dos hombres sentados en la embarcación. Pero aún se divisaba la bufanda roja de Ling, y la barba de Wang-Fo que flotaba al viento.

La pulsación de los remos se debilitó y cesó, obliterada por la distancia. El Emperador, inclinado hacia adelante, la mano sobre los ojos, miraba alejarse la barca de Wang que no era ya más que una mancha imperceptible en la palidez del crepúsculo. Un vaho de oro se elevó y se desplegó sobre el mar. Finalmente, la barca viró tras una roca que cerraba la entrada hacia el mar abierto; la sombra de un farallón cayó sobre ella; la estela se borró de la superficie desierta, y el pintor Wang-Fo y su discípulo Ling desaparecieron para siempre por aquel mar de jade azul que Wang-Fo acababa de inventar.


Comentarios

  1. Luisa fernanda Soto beltran4:11 p. m., marzo 25, 2026

    El cuento muestra cómo el arte puede ser tan poderoso que termina superando a la realidad, al punto de hacer que esta parezca insuficiente o decepcionante, lo que se ve en el Emperador, quien al comparar el mundo real con las pinturas de Wang-Fo termina frustrado, mientras que el pintor encuentra en su arte una forma de escapar y vivir en una realidad creada por él mismo.

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  2. Me parece fascinante y a la vez aterrador, el personaje de Wang Fo. Como bien señala el artículo, él no ama el mundo, ama su imagen. Para él, la muerte de la esposa de Ling no es una tragedia humana, sino un evento estético que merece ser pintado. Aquí es donde el relato de Yourcenar me pone en un aprieto moral solemos idealizar al artista como un ser sensible, pero Wang Fo es en realidad, un monstruo de la belleza Su desapego por lo material lo hace libre sí pero también lo hace profundamente indiferente al sufrimiento ajeno.

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  3. Scripsit: Carlos Andres Álvarez Perez10:02 p. m., marzo 25, 2026

    "El hombre es rico en proporción a las cosas de las que puede prescindir".
    —Henry David Thoreau.


    La verdadera riqueza no radica en la acumulación de bienes materiales, sino en la libertad de prescindir de ellos; en vivir a la intemperie de la experiencia y en habitarse plenamente a uno mismo.

    Ling temía a los truenos porque no había aprendido a encontrar en ellos ninguna forma de belleza; temía a los insectos porque jamás los había contemplado sino como criaturas hostiles, casi invencibles. Era prisionero de una percepción estrecha: sentía únicamente a través de sus propios sentidos, pero no a través de una mirada capaz de suspender la imperfección y atravesar la apariencia. Por eso noto, finalmente, que el color de su casa no era rojo, sino el de una naranja a punto de pudrirse.

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  4. LORENA ROJAS DELGADO11:06 p. m., marzo 25, 2026

    A mí este cuento me hizo pensar que no todo lo que es bonito es bueno. O sea, el arte de Wang-Fo es increíble, pero siento que él se desconecta mucho de lo humano. Por ejemplo, lo de la esposa de Ling… es como si para él eso no fuera una tragedia, sino solo algo que puede pintar, y eso me parece fuerte.

    También siento que el problema no es solo el arte, sino hasta qué punto uno se deja llevar por él. Porque Ling lo deja todo, literalmente, y el Emperador también termina afectado, pero desde otro lado. Es como si el arte los sacara de la realidad, pero ninguno logra manejar eso bien.

    Por consiguiente, yo siento que el arte aquí no es solo algo bonito, sino algo que puede hacer que uno se desconecte de la realidad y termine viendo el mundo de una forma que no siempre es sana.

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  5. María Valentina Arteaga Florez7:10 a. m., marzo 26, 2026

    En este relato se presenta la historia de un pintor llamado Wang-Fo y su discípulo Ling, quienes recorren el mundo observando y pintando su belleza. Para ellos, lo importante no es la realidad tal como es, sino la forma en que puede ser vista y transformada a través del arte.

    Sin embargo, esta manera de representar el mundo termina afectando al emperador, quien crece viendo las pinturas de Wang-Fo y creyendo que la realidad es tan perfecta como en ellas. Cuando descubre que el mundo real no es así, se siente engañado y reacciona con ira.

    A partir de esto, el relato deja una enseñanza importante: debemos diferenciar entre la realidad y la visión que los artistas nos muestran. El arte no necesariamente refleja el mundo tal cual es, sino la forma en que cada persona lo percibe.

    Así, la historia nos invita a reflexionar sobre que cada individuo tiene su propia manera de ver la vida. Algunas personas pueden verla de forma negativa, llena de dificultades, mientras que otras pueden encontrar belleza incluso en medio de los problemas. Ninguna de estas formas está completamente equivocada, ya que dependen de la experiencia y la percepción de cada quien.

    En conclusión, la moraleja del relato es que los artistas, ya sea a través de la pintura, la música o la escultura, transmiten su manera de ver el mundo, generando emociones y permitiendo que otros conecten con su visión de la vida.
    Maria Valentina Arteaga Florez

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  6. Este relato de Marguerite Yourcenar me pareció muy profundo porque muestra cómo el arte puede ser más poderoso que la realidad. Me llamó la atención cómo el emperador se frustra al ver que el mundo real no es como las pinturas, lo que demuestra que muchas veces idealizamos las cosas y terminamos decepcionados. También se ve la lealtad de Ling hacia su maestro, que es extrema. Al final, siento que el cuento deja la idea de que el arte crea un mundo más “perfecto” que la vida misma, y que a veces es mejor refugiarse en él.

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  7. El relato presenta una crítica profunda al poder de la ilusión artística frente a la realidad. A través de Wang-Fo, se muestra cómo el arte no solo embellece el mundo, sino que también puede distorsionarlo, creando expectativas imposibles de cumplir. El Emperador, al crecer rodeado únicamente de esas imágenes idealizadas, termina rechazando la realidad por no estar a la altura de la obra del pintor. Esto evidencia que el arte puede ser tanto una forma de liberación como una fuente de frustración cuando sustituye la experiencia real.
    Además, el final sugiere que el verdadero poder no reside en la autoridad política, sino en la capacidad creadora. Wang-Fo escapa no con violencia, sino a través de su arte, reafirmando que la imaginación puede trascender incluso las limitaciones más extremas .

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  8. Del texto se aprende que el arte no es solo copiar lo que se ve, sino sentir y comprender la naturaleza para poder interpretarla con el alma. También se destaca la importancia de la observación paciente y la dedicación para dominar una habilidad, como enseña el maestro Wang-Fo a su discípulo Ling en sus viajes por el reino de Han.

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  9. Maria lucia Figueroa lopez2:26 p. m., marzo 26, 2026

    muestra que el arte no solo imita la realidad, sino que puede ser más fuerte que ella. Wang-Fo no solo pinta paisajes, sino que crea un mundo mejor, más bello… y al final ese mundo termina siendo su salvación. Eso hace pensar que, a veces, la imaginación y la creatividad pueden ser una forma de escapar de una realidad que no nos gusta o que es injusta.

    También me parece interesante el papel del emperador, porque refleja algo muy humano: cuando idealizamos algo (como el arte), la realidad puede decepcionarnos. Y en lugar de aceptar eso, él busca culpar a alguien más.

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  10. El cuento El viejo pintor Wang-Fo, de Marguerite Yourcenar, muestra que el arte puede ser más poderoso que la realidad. A través de Wang-Fo, se ve cómo el arte transforma la forma de percibir el mundo, como le ocurre a Ling, quien aprende a encontrar belleza en todo.
    Sin embargo, también critica que el arte puede crear expectativas irreales, como en el caso del Emperador, quien termina rechazando la realidad por no ser tan perfecta como las pinturas.
    Finalmente, el cuento defiende que el arte es una forma superior de existencia, ya que permite crear un mundo más bello y escapar de la realidad.

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  11. María Juliana Arrieta4:10 p. m., marzo 26, 2026

    me parece un cuento profundamente simbólico que reflexiona sobre el poder del arte frente a la realidad. la historia plantea que el arte no es solo una forma de representar el mundo, sino una manera de transformarlo e incluso de escapar de él. wang-fo, como artista, crea una realidad tan bella y perfecta que termina siendo más “verdadera” que la vida misma, lo que provoca la frustración del emperador, quien no logra reconciliar la diferencia entre el mundo ideal del arte y el mundo imperfecto en el que vive.

    desde mi punto de vista, el cuento critica la incapacidad de algunas personas (como el emperador) de aceptar la distancia entre sus expectativas y la realidad. él culpa a wang-fo por haberle enseñado a ver un mundo mejor, cuando en realidad el problema está en su propia insatisfacción y en su deseo de poseer lo que solo puede contemplarse. esto muestra una tensión interesante, que el arte puede inspirar, pero también puede generar frustración en quien no entiende su naturaleza.

    además, considero que el final es clave porque rompe con la lógica realista y confirma el poder absoluto de la creación artística. wang-fo no es castigado, sino que trasciende la realidad gracias a su propio arte, lo que sugiere que el verdadero artista no está limitado por las normas del mundo material. esto refuerza la idea de que el arte puede ser una forma de libertad, incluso frente al poder político o la muerte

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  12. Isabela Cortavarria Otero6:29 p. m., marzo 26, 2026

    El relato de Yourcenar plantea que el arte no es un simple reflejo del mundo, sino una fuerza capaz de superarlo y volverlo insuficiente.
    Para el pintor, el arte es la única vía de escape legítima. Wang-Fo no engaña, sino que construye una realidad propia donde las leyes del mundo físico y la muerte no aplican. Al final, el cuento sugiere que el artista no huye de la ejecución, sino que se muda definitivamente a un universo superior que él mismo ha inventado, dejando atrás un mundo que, frente a su obra, carece de sentido.

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  13. La lectura de Cómo fue salvado Wang-Fô de Marguerite Yourcenar me hizo reflexionar sobre el poder del arte. Pienso que el cuento muestra que el arte no solo imita la realidad, sino que puede transformarla y hacerla más bella.

    Wang-Fô representa la libertad del artista, mientras que el emperador simboliza el poder que no logra comprender esa visión. El final me impactó porque muestra cómo el arte puede convertirse en una forma de escape y salvación.

    En conclusión, considero que el arte es una manera de ver el mundo desde otra perspectiva y, al mismo tiempo, una forma de libertad frente a la realidad.

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  15. Dayana Andrea Causil de Hoyos9:37 a. m., marzo 27, 2026

    Dayana causil
    Esta historia me deja una sensación pesada que va creciendo poco a poco sin que uno lo note, porque empieza tranquila pero se vuelve intensa con el paso del tiempo, sobre todo por la relación entre Wang-Fo y Ling, que se siente muy profunda pero también desequilibrada, ya que Ling no solo admira a su maestro sino que prácticamente vive a través de él, y eso hace que todo lo que ocurre después tenga más peso, además resalta cómo el arte se pone por encima de todo, incluso de la vida misma, mientras Wang-Fo ve el mundo de una forma distinta, casi alejada de la realidad, Ling va dejando lo suyo por seguir esa visión, y cuando aparece el emperador todo cambia porque se enfrenta la creación con el poder, la libertad con el control, dejando al final una reflexión clara sobre lo peligroso que puede ser admirar sin límites hasta perderse a uno mismo y cómo el poder puede volverse cruel cuando no entiende lo que no puede dominar.

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  16. Un punto clave del cuento es cómo el arte se convierte en una forma de libertad. Aunque Wang-Fo está condenado, logra escapar no con la fuerza ni con la violencia, sino a través de su propia creación. Es decir, el arte no solo representa el mundo, sino que puede transformarlo e incluso superarlo. En ese sentido, el final es muy poderoso: el pintor literalmente entra en su obra, mostrando que el arte puede ser un refugio, una salvación.El cuento Cómo fue salvado Wang-Fo muestra que el arte tiene un poder superior a la realidad. Wang-Fo logra salvarse gracias a su pintura, demostrando que la creatividad puede dar libertad incluso en situaciones extremas. Además, critica al poder, ya que el emperador, pese a tenerlo todo, no entiende la verdadera belleza.

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  17. Aunque la historia plantea una idea interesante, en algunos momentos se siente un poco forzada, sobre todo en la forma en que se construye la relación entre Wang-Fo y Ling, ya que la admiración llega a un nivel tan extremo que pierde naturalidad y no se ve un conflicto interno claro en Ling, lo que hace que su personaje se sienta más como un acompañante que como alguien con criterio propio, además el arte aparece casi como algo intocable y superior a todo sin cuestionamientos, lo que puede alejarla de una visión más realista, también el emperador se presenta de manera muy radical, como un símbolo del poder sin matices, lo que simplifica demasiado el enfrentamiento, y al final queda la sensación de que el mensaje es fuerte pero está llevado al límite, sin dar mucho espacio a otras formas de entender la historia.

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  18. Me pareció muy interesante Así fue salvado Wang-Fo porque muestra una forma distinta de ver el arte y la realidad. La relación entre Wang-Fo y Ling refleja cómo el arte puede ser más valioso que lo material, hasta el punto de transformar la manera en que se percibe el mundo. Me llamó la atención cómo la historia mezcla lo real con lo imaginario, haciendo que el arte no solo represente la realidad, sino que también la cree.

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  19. Pues, "Así fue salvado Wang-Fo" me dejó pensando mucho en la relación entre el arte y la existencia. La Yourcenar logra crear un ambiente de mística oriental que te envuelve, y la historia de Wang-Fo y su discípulo es como un viaje a la esencia del arte. Me gustó cómo el cuento plantea que el arte no es solo una representación de la realidad, sino una forma de trascenderla, de salvarse a sí mismo. La narrativa es preciosa, pero a veces sentí que era un poco demasiado poética, como si se perdiera un poco la trama en medio de tanto lirismo. Aun así, es un cuento que te deja pensando y eso es lo que vale.

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  20. No logre entender la idea central o moraleja, parece mas un cuento fictico para encantar niños respecto al poder del arte. Sin embargo no se deberia subestimar el efecto que la expresion artistica tiene sobre el ser humano, ya que esta es una forma de libertad que no se puede eliminar de nuestro interior ni cortando nuestras manos ni cegando nuestros ojos, ya que donde nace el arte es en nuestra imaginacion y creatividad, siendo de cierta forma intrinseca a la vida misma.

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  21. Juan sebastian Argumedo Celestino10:57 a. m., marzo 27, 2026

    En mi opinión, el cuento muestra que el arte tiene un poder muy grande, porque puede cambiar la forma en que vemos la realidad. Wang-Fo logra ver belleza en todo, mientras que el emperador, aunque tiene poder, es infeliz porque no acepta el mundo como es. Me parece que el mensaje es que la imaginación y la forma de percibir las cosas pueden ser más importantes que la realidad misma, y que quien no sabe ver más allá de lo superficial termina frustrado.

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  22. Cómo Wang-Fo fue salvado" es un relato que celebra la belleza y el poder transformador del arte. La historia destaca por la entrañable relación entre el pintor Wang-Fo y su discípulo Ling, cuya lealtad y entrega conmueven profundamente. Yourcenar nos muestra que la creación artística puede incluso superar la crudeza de la realidad, ofreciendo un universo donde la muerte y el poder terrenal pierden su fuerza. El final, con la huida de los dos personajes hacia el mar pintado, es un cierre poético y esperanzador que reafirma la inmortalidad del arte. Una obra maestra en su género, llena de sensibilidad y magia. Este relato me deja pensando en el poder que tiene el arte para crear un mundo propio, más verdadero a veces que el que vivimos a diario. Wang-Fo no engaña al Emperador con sus pinturas: le muestra una belleza que la realidad opaca y fragmentada no puede sostener. Y lo más conmovedor es que el artista no logra esa salvación final solo por su genio, sino por la lealtad de Ling, que aprende a ver con los ojos del maestro y termina convirtiéndose en parte de su obra. Me hace reflexionar que, al final, lo que trasciende no es el poder ni la riqueza, sino la capacidad de mirar con asombro y de entregarse a aquello que verdaderamente nos eleva.

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  23. Alberto Miguel Causil7:02 p. m., marzo 27, 2026

    Que gran relato que simbólicamente me hace conectar mucho con el arte contemporáneo que nunca antes se había visto , que grato es conocer y aprender de estar gran obra que recrea todo lo natural , universal y Genial que se puede expresar por medio del arte saber que conmueve a cada uno de nosotros como personas frente a Situaciones diversas

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  24. Jose Andres Navarro Dominguez7:07 p. m., marzo 27, 2026

    Este cuento de Cómo fue salvado Wang-Fo me parece una reflexión poderosa sobre cómo el arte puede ser más real que la propia realidad: yo lo interpreto como una crítica a la ilusión de la perfección, porque el emperador se frustra al ver que el mundo no es tan bello como lo pintado, mientras que Wang-Fo demuestra que el verdadero poder está en crear y no en poseer; al final, siento que el arte vence al poder político, porque el pintor escapa literalmente dentro de su obra, dejando al emperador atrapado en su propia decepción, lo que para mí muestra que la imaginación y la sensibilidad valen más que cualquier autoridad o riqueza.

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  25. Thays Carolina Lozano ribón

    Wow, la verdad este cuento me encantó muchísimo. Me pareció súper interesante cómo Wang-Fô veía el mundo de una forma tan distinta, como si todo fuera más bonito a través de su arte. Siento que no es solo una historia, sino que deja una enseñanza muy profunda sobre cómo la realidad puede ser diferente dependiendo de cómo la miramos.

    También me impactó bastante la reacción del emperador, porque uno pensaría que admirar el arte es algo positivo, pero en su caso fue todo lo contrario. Eso me hizo pensar en cómo a veces idealizamos las cosas y luego nos decepcionamos cuando no son como esperamos.

    Lo que más me gustó fue el final, porque es como mágico y simbólico al mismo tiempo. El hecho de que Wang-Fô y su discípulo entren en la pintura me pareció increíble, como si el arte fuera una forma de escapar de la realidad. En conclusión, es un cuento que me gustó mucho porque no solo es bonito, sino que también te hace reflexionar bastante.

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  26. A mí este texto me dejó pensando algo muy simple: el problema no es el mundo, es lo que esperamos de él.
    El emperador crece viendo todo perfecto en los cuadros y cuando sale a la vida real, se decepciona. Pero siendo sinceros, eso nos pasa hoy todo el tiempo. Vemos vidas perfectas, cuerpos perfectos, todo bonito… y luego la realidad no se parece a eso.
    Y claro, en vez de entender que lo que vimos era una versión ideal, nos frustramos.
    Wang-Fo no mintió, solo mostraba belleza. El error fue creer que la vida tenía que verse así siempre.
    Al final, el que tenía todo (el emperador) es el más vacío, y el que solo tenía su arte logra escapar. Eso dice bastante.
    Si uno no aprende a ver la realidad como es, sin compararla todo el tiempo con algo “perfecto”, termina odiando su propia vida… sin razón.

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  27. Liz Camila Solano Jaramillo12:55 a. m., marzo 28, 2026

    Este fragmento es el broche de oro de uno de los relatos más bellos de Marguerite Yourcenar, donde la literatura nos demuestra que el arte no solo imita a la vida, sino que tiene el poder de superarla. Es fascinante cómo la autora desdibuja la frontera entre la realidad y la ficción: lo que empieza como una ejecución inminente en un palacio termina con los protagonistas escapando literalmente a través de un lienzo. Nos deja una reflexión poética y muy poderosa sobre la libertad; al final, Wang-Fo no huye de la muerte por azar, sino que se salva fundiéndose con su propia creación. Es un recordatorio de que, cuando la realidad se vuelve asfixiante, el arte siempre nos ofrece una puerta de salida hacia mundos infinitos.

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  28. Daniela Del Carmen Guerra Correa10:47 a. m., marzo 28, 2026

    El cuento Así fue salvado Wang-Fo de Marguerite Yourcenar muestra cómo el arte puede ser más poderoso que la realidad. Wang-Fo ve el mundo desde la belleza, mientras el emperador representa la frustración de lo real.

    En mi opinión, lo más interesante es que el arte no solo sirve para imaginar, sino también como una forma de escape y salvación. En pocas palabras, el cuento sugiere que la imaginación puede ser más verdadera y libre que la realidad misma.

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  29. El cuento presenta una reflexión simbólica sobre el poder del arte frente a la realidad. Muestra que el arte no solo imita el mundo, sino que puede transformarlo o incluso ofrecer una vía de escape. Wang-Fo crea una belleza tan perfecta que supera la realidad, lo que provoca la frustración del emperador al no poder conciliar ese ideal con su mundo imperfecto.

    Además, se critica la actitud del emperador, quien culpa al artista por su propia insatisfacción, evidenciando la tensión entre admirar el arte y querer poseerlo. El final refuerza la idea de que el arte trasciende lo material, convirtiéndose en una forma de libertad incluso frente al poder y la muerte.

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  30. presenta una reflexión profunda sobre la relación entre el arte y la realidad. A lo largo de la narración, se muestra cómo el arte no solo representa el mundo, sino que puede llegar a superarlo, creando una realidad más bella, más pura y, en cierto sentido, más verdadera que la vida misma.
    Wang-Fo encarna la figura del artista que ve más allá de lo material, alguien que no se apega a las cosas sino a su esencia estética. Por otro lado, Ling representa la transformación del ser humano a través del arte: pasa de una vida cómoda pero superficial a una existencia dedicada a la contemplación y la creación.
    El conflicto central se evidencia en el Emperador, quien reprocha al artista haberle mostrado un mundo ideal que no coincide con la realidad. Esto plantea una tensión clave: el arte puede elevar, pero también puede generar frustración al contrastarse con la vida real.
    El final es especialmente simbólico, ya que Wang-Fo y Ling logran escapar a través de la pintura, lo que sugiere que el arte tiene el poder de trascender la realidad física. En este sentido, la obra propone que la verdadera libertad no está en el mundo material, sino en la creación y la imaginación.

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  31. Jorge David Roa Cardozo11:03 p. m., marzo 28, 2026

    Aunque el texto es poético y profundo, puede resultar idealista en exceso. Presenta una visión del arte desligada de la realidad material, como si vivir solo de la contemplación fuera suficiente, lo cual no es sostenible en la vida real. Además, el personaje de Wang-Fo puede parecer poco cercano, ya que su desapego extremo lo aleja de conflictos más humanos y cotidianos.

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  32. El cuento argumenta que el arte no embellece la realidad sino que la reemplaza, y eso tiene un precio: Ling pierde a su esposa, luego su vida, y el Emperador crece incapaz de habitar el mundo real porque los cuadros de Wang-Fo le enseñaron uno mejor. La moraleja es doble e incómoda — el arte nos salva de la brutalidad de lo cotidiano, pero si uno se entrega a él por completo, como Wang-Fo, termina viendo sangre y pensando en pigmentos; la belleza se vuelve una forma de anestesia que nos protege del dolor pero también nos desconecta de las personas que amamos.​​​​​​​​​​​​​​​​

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  33. A través de la historia de Wang-Fô, se plantea que el arte no es simplemente una imitación del mundo, sino una manera de transformarlo y, en cierto sentido, superarlo.

    El conflicto con el emperador revela una tensión profundamente humana: la decepción que surge cuando la realidad no alcanza los ideales que imaginamos. Mientras el emperador se siente engañado por la belleza de las pinturas, Wang-Fô demuestra que el verdadero valor del arte no está en copiar lo real, sino en ofrecer una visión distinta, más libre y significativa.

    El desenlace, donde el artista logra escapar a través de su propia obra, simboliza el poder liberador del arte. Así, el cuento sugiere que, frente a una realidad limitada o dolorosa, la creatividad puede convertirse en un refugio e incluso en una forma de salvación. En última instancia, esta historia nos deja una pregunta inquietante: ¿vivimos en el mundo tal como es, o en la forma en que lo interpretamos?

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  34. Maria Angelica Lopez Martinez8:37 p. m., marzo 29, 2026

    Este cuento invita a reflexionar sobre el poder del arte y sus consecuencias en la forma en que percibimos el mundo. A través de Wang-Fo, vemos que el arte no es solo una representación de la realidad, sino una manera de transformarla y darle un sentido más profundo. Sin embargo, también muestra que esa misma capacidad puede ser peligrosa: cuando idealizamos demasiado, corremos el riesgo de rechazar la realidad por no estar a la altura de nuestras expectativas.

    El emperador encarna esa frustración: creció creyendo en un mundo perfecto que solo existía en las pinturas, y al enfrentarse a la imperfección de la vida real, responde con odio. Esto sugiere que el problema no está en el arte, sino en cómo lo interpretamos.
    Por otro lado, Ling representa el aprendizaje. Gracias a Wang-Fo, logra ver belleza en lo cotidiano y pierde sus miedos, aunque ese cambio implique renunciar a su vida anterior. Su camino muestra que el arte puede enriquecer la existencia, pero también exige sacrificios.
    En definitiva, la lectura nos deja pensando en un equilibrio: el arte puede elevarnos y abrirnos los ojos, pero no debe alejarnos completamente de la realidad. La clave está en aprender a mirar el mundo con sensibilidad, sin dejar de habitarlo.

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  35. Valentina Paez Medina1:06 p. m., marzo 30, 2026

    Siento que el cuento muestra que el arte puede ser más fuerte que la realidad: te cambia la forma de ver todo, para bien y para mal. Me parece bonito pero también triste, porque al final el Emperador sufre por no encontrar en la vida lo que vio en las pinturas, mientras Wang-Fo logra escapar en su propio mundo.

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  36. El fragmento de El viejo pintor Wang-Fo de Marguerite Yourcenar me dejó pensando en cómo el arte puede cambiar totalmente la forma en que vemos la realidad. Wang-Fo crea un mundo tan perfecto que termina haciendo que el real parezca insuficiente, y eso se nota sobre todo en el Emperador, que en vez de admirarlo, lo odia.
    Me llamó la atención ese contraste con Ling, que en cambio decide seguir al maestro y dejarlo todo. Al final, el arte aparece como algo poderoso: puede ser una forma de libertad, pero también una manera de desconectarse del mundo real

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  37. Juan Manuel Jiménez1:17 a. m., abril 06, 2026

    Este relato muestra cómo el arte puede cambiar la forma de ver el mundo. Wang-Fo es un pintor que valora la belleza por encima de todo, y su discípulo Ling aprende a ver la realidad de una manera más profunda gracias a él, pero el emperador se enfurece porque las pinturas le hicieron imaginar un mundo perfecto que no coincide con la realidad. Al final, Wang-Fo logra escapar dentro de su propia obra junto a Ling, lo que simboliza que el arte puede ser una forma de libertad, pero también puede alejar a las personas de la realidad.

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  38. María Carolina Guerra Ramos
    Es un gran personaje Wang-Fo nos dice que la mirada es un refugio. Mientras los demás ven pobreza, él ve matices; mientras otros ven la muerte, él ve colores. Al final, no somos dueños de lo que poseemos, sino de la belleza que somos capaces de percibir incluso en medio del caos.

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  39. El cuento Cómo Wang-Fo fue salvado plantea una visión profunda sobre el valor del arte y su capacidad para ir más allá de la realidad. A lo largo de la historia, se construye una relación muy especial entre Wang-Fo y Ling, en la que se refleja no solo el aprendizaje, sino también una fidelidad sincera que termina siendo clave. Más que una simple narración, el texto muestra cómo la creación artística puede abrir un mundo distinto, donde las leyes del poder y hasta la muerte pierden importancia.

    El final resulta especialmente significativo, ya que los personajes logran escapar hacia el paisaje que el propio artista ha creado, lo que sugiere que el arte tiene la capacidad de trascender cualquier límite. No se trata de un engaño, sino de una forma de revelar una belleza que la realidad cotidiana no siempre puede mostrar. Además, la historia deja ver que el verdadero valor no está solo en el talento de Wang-Fo, sino también en la entrega de Ling, quien aprende a mirar como su maestro y se convierte en parte de ese universo artístico.

    En última instancia, el relato invita a reflexionar sobre lo que realmente permanece en el tiempo: no el poder ni lo material, sino la sensibilidad, la imaginación y la capacidad de encontrar sentido en aquello que nos inspira y nos transforma.

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  40. Maria Angel González Machado3:38 p. m., abril 10, 2026

    A mí este cuento me dejó pensando bastante. Siento que muestra cómo el arte puede ser tan bonito que uno termina viendo la realidad como algo feo o insuficiente. El Emperador, por ejemplo, se decepciona porque el mundo real no es como lo imaginaba, mientras que Wang-Fo vive feliz dentro de lo que crea. En mi opinión, el texto da a entender que el arte puede ser una forma de escapar, pero también puede alejarnos demasiado de la realidad si no sabemos manejarlo.

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  41. Maria Angel González Machado3:38 p. m., abril 10, 2026

    A mí este cuento me dejó pensando bastante. Siento que muestra cómo el arte puede ser tan bonito que uno termina viendo la realidad como algo feo o insuficiente. El Emperador, por ejemplo, se decepciona porque el mundo real no es como lo imaginaba, mientras que Wang-Fo vive feliz dentro de lo que crea. En mi opinión, el texto da a entender que el arte puede ser una forma de escapar, pero también puede alejarnos demasiado de la realidad si no sabemos manejarlo.

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  42. Lo que más me llamó la atención de este cuento es cómo el arte termina siendo más fuerte que la realidad y el poder. El Emperador quería controlarlo todo, pero Wang-Fo le demuestra que la imaginación no se puede encerrar y su huida en el cuadro es la prueba de que el arte es la verdadera libertad contra a cualquier tiranía o injusticia. la crueldad se queda corta al frente de la creatividad. Al final el texto nos enseña que aunque nos quieran imponer una realidad gris siempre tenemos la capacidad de ver más allá y pintar nuestra propia salida. El arte no es solo un hobby sino que puede ser una forma de no dejarse vencer.

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  43. Lo que más me llamó la atención de este cuento es cómo el arte termina siendo más fuerte que la realidad y el poder. El Emperador quería controlarlo todo, pero Wang-Fo le demuestra que la imaginación no se puede encerrar y su huida en el cuadro es la prueba de que el arte es la verdadera libertad contra a cualquier tiranía o injusticia. la crueldad se queda corta al frente de la creatividad. Al final el texto nos enseña que aunque nos quieran imponer una realidad gris siempre tenemos la capacidad de ver más allá y pintar nuestra propia salida. El arte no es solo un hobby sino que puede ser una forma de no dejarse vencer.

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  44. Lo que más me llamó la atención de este cuento es cómo el arte termina siendo más fuerte que la realidad y el poder. El Emperador quería controlarlo todo, pero Wang-Fo le demuestra que la imaginación no se puede encerrar y su huida en el cuadro es la prueba de que el arte es la verdadera libertad contra a cualquier tiranía o injusticia. la crueldad se queda corta al frente de la creatividad. Al final el texto nos enseña que aunque nos quieran imponer una realidad gris siempre tenemos la capacidad de ver más allá y pintar nuestra propia salida. El arte no es solo un hobby sino que puede ser una forma de no dejarse vencer.

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  45. Juan Manuel Jiménez Bader12:39 p. m., abril 27, 2026

    Este texto me parece muy profundo porque no es solo una historia de un pintor y su discípulo, sino que habla mucho sobre cómo vemos la realidad. Siento que Wang-Fo representa el arte y la forma en que algunas personas logran ver belleza en todo, incluso en lo más simple, mientras que Ling muestra cómo alguien puede cambiar completamente su manera de ver el mundo cuando aprende a mirar más allá de lo material.

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